Problemática de los Grupos Vulnerables Visiones de la realidad. Tomo 13 Migración

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Título: Problemática de los Grupos Vulnerables Visiones de la realidad. Tomo 13 Migración

Coordinadores: Jesús Acevedo Alemán, Laura Karina Castro Saucedo, Fernando Bruno, Ma. de los Ángeles Trujillo Pérez

ISBN: 978-607-506-323-2

Fecha de publicación: 21 marzo 2018

Impreso y hecho en México

Universidad Autónoma de Coahuila

Libro PDF: GruposVulnerables13.pdf

Introducción:

El ser humano, como todo ser vivo, guarda una estrecha relación con su entorno inmediato, está inmerso dentro de un complejo sistema natural y además ha desarrollado sistemas sociales al interactuar con otros de la especie, generando mundos igualmente densos, llenos de significados, de símbolos, de emociones, de lenguaje, de interpretaciones, concepciones, misterios, misticismo y un largo ―etcétera‖, con la finalidad de situarse y reconocerse como parte de un todo, creando y recreando vínculos con todo aquello que no es él, con ―lo otro‖, punto de partida que ha permitido construir y de construir ideas y creencias a lo largo de la historia de la humanidad.

Aunque pareciera que hoy en día el ser humano ha resuelto de manera más o menos satisfactoria su supervivencia como especie a partir de un antropocentrismo (somos la especie dominante, todo lo que existe está a nuestra disposición y para nuestro servicio) que ha desarrollado la ciencia y la tecnología para poder hacer patente este ―dominio‖ no sólo hacia la naturaleza si no inclusive entre los propios seres humanos (naciones de primer mundo, de tercer mundo, etc.), estos grandes sistemas sociales siguen construyéndose y reconstruyéndose a la par de estos avances y de los impactos sociales que éstos van generando.

Basta con recordar el primer gran paso en la historia de la humanidad, cuando el ser humano pasó de vivir con base en la recolección y la caza, siendo un nómada, un errante que avanza hacia donde está la comida (siguiendo a las manadas de animales o buscando zonas fértiles llenas de frutos), a ser una creatura sedentaria gracias al descubrimiento de la agricultura. Es el primer ejercicio donde el ser humano se empieza a posicionar diferente pues ya no depende de la marcha de las manadas ni de los frutos silvestres; ahora posee extensiones de tierra que habilita para el cultivo y más delante empezará también a desarrollar una incipiente ganadería. Los lazos con la ―Madre Tierra‖ se fortalecen, pues la sobrevivencia depende de factores naturales (sol, lluvia, fertilidad de la tierra, de las semillas, etc.) y eso se puede ver también en las religiones más primitivas, las cuales reflejan este vínculo en sus creencias y en sus prácticas rituales. A partir de entonces, la vida del ser humano no se entiende fuera de este marco de referencia con la tierra, con ―su tierra‖, la cual cuidará, abonará y defenderá inclusive con la propia vida si es necesario. Después de varias revoluciones industriales, en un mundo que ahora es regido por fuertes intereses económicos, también ha influenciado en la relación que el ser humano, ahora ―civilizado‖, guarda con la tierra, con ―su tierra‖. En las grandes ciudades, tener un ―terreno‖, una propiedad, una casa, un ―pedazo de tierra‖, se ve envuelto en una serie de categorías económicas que le confieren su valor, de acuerdo a su extensión, a su ubicación, al nivel de urbanización que le rodea, sólo por mencionar algunas. El arraigo a la tierra pasa a un segundo plano cuando el poseerla no asegura el sustento (como en las comunidades agrícolas de las que hablábamos), pues para tener un pedazo de tierra hay luchar por tener conseguir empleo o por desarrollar alguna actividad económica que permita proveerse a cualquier persona de los bienes básicos para la subsistencia (¡paradójico!). Pasamos a una era donde las ciudades son los nuevos bosques, las nuevas selvas, los nuevos desiertos, donde hay que buscar fuentes de empleo y de generación de riqueza para poder sobrevivir.

Si a estos factores económicos agregamos además factores sociales (inseguridad, violencia, segregación) y políticos (corrupción, impunidad, opresión, represión) por señalar algunos, podemos entender que los fenómenos migratorios se sigan detonando ante la presencia de escenarios sociales, económicos o ambientales de riesgo e incertidumbre que favorecen el que las personas que consideran tienen poco o nada que perder, prefieran buscar suerte en otro lugar. Aquí es donde radica la complejidad del fenómeno migratorio, pues comprende un enramado de elementos macro sociales y micro sociales que le acompañan tanto si se quiere comprender su origen, como si se quiere entender el proceso migratorio y las consecuencias e implicaciones que esto trae como consecuencia.

Por una parte, es importante rescatar la mirada de quien parte, de quien siente que el lugar en donde radica no cuenta con los elementos esenciales que le permitan su bienestar, su desarrollo, su progreso, su armonía (personal, social, espiritual, etc.). Más allá de factores muy concretos, de los datos duros, está la percepción de quien decide irse, de quien ve que el pasto está verde del otro lado de la barda y que idealiza un estilo de vida que en tal o cual ciudad, región, país o continente puede llegar a vivir en contraste con la cruda realidad que le rodea.

Si además de esta motivación y visión personal, existen además algún familiar cercano que ya radica allá, no tiene empleo, existe inseguridad en la zona donde vive y considera que vivir así es condenarse al fracaso, pues queda más que claro que su única opción es irse. Bien dicen que nadie es profeta en su tierra, el éxito está en otras latitudes.

La migración se empieza a dibujar como un fenómeno importante y complejo que genera situaciones de conflicto cuando existen condiciones sistemáticas y constantes que condicionan la permanencia de una cantidad importante de población en determinada geografía y provoca flujos migratorios constantes y considerables, o bien, cuando existen éxodos masivos de pueblos y/o naciones que huyen de la guerra, de la enfermedad, del hambre, del genocidio, de la persecución, o de las movilizaciones forzadas por ciertos intereses económicos, entre otros factores. Estas son las situaciones más complejas y alarmantes, tanto por el origen de las mismas como por las consecuencias que estas movilizaciones conllevan.
Aquí es donde la mirada de quien habita las ciudades, las regiones, los países hacia donde corre el flujo migratorio, empieza a alertarse. No es lo mismo recibir a un viajero, a un extranjero con cultura, lengua y costumbres diferentes que recibir mes con mes decenas, cientos o incluso miles con características similares. Las diferencias socio-culturales empiezan a ser evidentes. Si además de lo anterior, no existe una política de regulación e inclusión migratoria adecuada, empieza a surgir el miedo al otro, la desconfianza al desconocido y no en pocas situaciones a lo largo de la historia, el extraño, el desconocido, el extranjero, se convierte en chivo expiatorio frente a las diferentes problemáticas sociales y económicas de los lugares a donde llegan.

En muchas ocasiones se les considera ladrones de oportunidades pues se quedan con empleos que pudieran ser de los locales; se les estigmatiza como ladrones o gente de poca confianza pues muchas veces llegan en condiciones de indigencia; se les considera poco menos que ciudadanos, personas de segunda categoría que no merecen tener las mismas oportunidades que los locales por no haber nacido ahí; son vistos con sospecha, como una amenaza a las ―sanas‖ costumbres y tradiciones del lugar, como un foco infeccioso que si no se cuida y contiene, acabará por contaminar cultural y biológicamente a la sociedad ―perfecta‖ a la que llegaron; se radicalizan discursos localistas que exacerban el miedo frente al ―Otro‖ y se toman posturas enardecidas que polarizan situaciones: no hay tonos grises, sólo blanco o negro.

La migración contemporánea, en este contexto masivo, constante, deshumaniza al migrante, lo despoja de su condición de ser humano, de persona con derechos. Paradójicamente, hoy más que nunca parece que la migración, lejos de detenerse, se incrementará, pues la simple deslocalización laboral exige que la gente que desea encontrar condiciones de vida adecuada está constantemente moviéndose hacia donde existe el empleo: son los nómadas del siglo XXI. La interconexión entre países es cada vez más estrecha. La cercanía comercial, social y cultural entre países y naciones es inevitable. Las situaciones de vulnerabilidad de ciertas regiones y países en el mundo son evidentes.

¿Desde dónde mirar este complejo entramado social, emocional, político, cultural y económico que envuelve y acompaña al fenómeno migratorio para comprenderlo y dirigirlo adecuadamente? He aquí algunas de estas miradas en torno a la migración desde diferentes ángulos, esperando que el presente texto sea un pretexto valioso para acompañar la necesaria reflexión que detone nuevas propuestas para entender el fenómeno migratorio y acompañar a todos aquellos que día a día persiguen su sueño lejos de la tierra que les vio nacer.


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