La garantía del derecho humano al cuidado no remunerado desde la perspectiva de género

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El concepto de cuidado incluye todas aquellas acciones necesarias para que las personas puedan desarrollarse con el mayor bienestar posible. En ese sentido, el cuidado es necesario para todas las personas y en el marco internacional éste ha sido reconocido como un derecho universal. En la doctrina se han presentado distintos acercamientos al concepto de cuidados, tal como el que presenta England, Budig y Folbre: “el cuidado involucra aquellas actividades indispensables para satisfacer las necesidades de las personas, tanto aquellas básicas de salud y seguridad física, como también el desarrollo de habilidades cognitivas, físicas y emocionales” (UNICEF 2020: 16).
De conformidad con la Oficina Internacional del Trabajo, las actividades de cuidado se integran por aquellas actividades de cuidado directo, personal y relacional y por las actividades de cuidado indirecto. Las primeras hacen referencia a todas aquellas actividades que cuidan a los integrantes del hogar: niñas y niños, personas enfermas, personas adultas mayores y personas con alguna discapacidad o cierta dependencia. Las segundas, implican aquellas actividades relacionadas con el trabajo doméstico, organización y gestión de labores del hogar, limpieza, proveer alimentos, etc. (OIT 2019).
En ese sentido, al referirnos a las actividades de cuidado, hacemos referencia a aquellas directas, así como a aquellas actividades indirectas. Cabe mencionar que las actividades de cuidado directo, así como aquellas de cuidado indirecto, en algunos casos son remuneradas y en otros casos no. Para efecto de la presente, me enfocaré al desarrollo del segundo tipo: las actividades de cuidados no remuneradas.
A pesar de que el cuidado es una responsabilidad colectiva, toda vez que implica la participación de distintos actores sociales, las personas que realizan las actividades de cuidado no remuneradas en su mayoría son mujeres. De conformidad con un informe realizado por la Organización Internacional de Trabajo (OIT ) en el 2019, las mujeres representan el 65% de la fuerza de trabajo mundial dedicada a la prestación de cuidados (OIT 2019).
Lo anterior constituye una problemática toda vez que la sociedad, que asigna a las mujeres los roles de cuidado, genera obstáculos para que las mujeres puedan incorporarse al mercado laboral. Inclusive, aquellas mujeres que realizan dobles o triples jornadas laborales; es decir, que se dedican a las actividades de cuidado no remuneradas y adicionalmente son trabajadoras en el mercado laboral formal, se enfrentan a una legislación sesgada (UNICEF 2019). Por ejemplo, la ausencia de espacios de lactancia o espacios de cuidado infantil de acuerdo con las jornadas laborales. En otras palabras, la distribución desigual de las tareas de cuidado obstaculiza a las mujeres para incorporarse al mercado laboral y a su vez, las sitúa en una posición de desigualdad y vulnerabilidad.
Si bien México ha adoptado diversos compromisos internacionales consistentes en construir las políticas necesarias para distribuir equitativamente las actividades de cuidado desde una perspectiva de género e interseccional, e inclusive en algunos instrumentos internacionales se reconoce el derecho humano al cuidado, este no ha sido garantizado constitucionalmente en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

AIDH.AKZL.Tesis.Derecho al cuidado con PEG


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