El nopal

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Título: El nopal: Construcción de la Identidad del Mexicano

Coordinadores: Magdalena Jaime Cepeda, Raquel Torres Gutiérrez y Darío D. Aguillón Gutiérrez.

ISBN: 978-607-506-286-0

Fecha de publicación: 5 de mayo 2017

Imprenta: Comunicación Integral

Universidad Autónoma de  Coahuila

Libro PDF: ElNopal.pdf

Introducción:

  «Anacrónicamente, absurdamente,
a tu nopal inclinase el rosal;
al idioma del blanco, tú lo imantas…»
Suave Patria (Ramón López Velarde)

Las personas, arraigadas en los pueblos y sus costumbres, realizan esfuerzos inusitados para sobreponerse a las dificultades y carencias que implica el devenir humano por el progreso y, en no pocas ocasiones, por la subsistencia. Doña Modesta es un ejemplo de alguien que se ha apropiado del imaginario y de la naturaleza para arrancarle al nopal, no solo el fruto de la tuna, porque por sí mismo la ofrece y basta estirar la mano para tomarla, aún si ello implica la posibilidad de ser punzado por sus espinas, sino la transformación diversificada como producto alimenticio, usos medicinales e incluso en aplicaciones cosmético-estéticas.

A lo largo de nuestra historia patria nos encontramos con este regalo de la naturaleza, algunas veces enaltecido como signo donde el águila posó una de sus extremidades, mientras con la otra aferraba a la serpiente; otras para transformarlo y extraerle toda su riqueza nutritiva, como doña Modesta; y, otros más enfrentándolo de manera anecdótica como Don Rosendo García, hijo prolijo de «un cielo cruel y de una tierra colorada»  (Zacatecas), quien me cuenta la anécdota de su padre, Don Manuel, que allá por su juventud el progenitor de sus días se dio a la tarea de plantar una pequeña huerta de nopal,al tiempo que aleccionaba a sus jóvenes mancebos: «¡planten!, ¡planten nopales!, que un día valdrán más que el frijol». Don Rosendo, irritado no tanto por la orden sino por la aseveración, a escondidas de su padre, tomó el arado y de noche arrancó toditos los nopales, al tiempo que profería: «ya me imagino yo, vendiendo nopales a la orilla de la carretera o en el crucero de los caminos». Hoy, a sus 80 años, no solo venera a su padre, sino que tardíamente le da la razón.

La ingratitud del tiempo, debido al repentino cambio climático, ha hecho que las cosechas de frijol, maíz, trigo, sorgo, girasol, incluso la avena y la alfalfa, no logran sobreponerse como el nopal, a la escasez de las lluvias y hasta al acaparamiento de los granos.


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