De latidos y biznagas

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Título: De latidos y biznagas

Autor: Arcelia Ayup Silveti

ISBN: 978-607-506-111-5

Fecha de publicación: 8 de febrero 2013

Editorial: Talleres gráficos de Fase 4

Universidad Autónoma de Coahuila

 

Libro PDF:2.- 2013Delatidosbiznagas

Introducción: De latidos y biznagas es un libro profundamente nostálgico. Su autora nos entrega en esta colección de textos, momentos de su vida que fueron tocados por algo especial: un sabor, un aroma, un libro, una persona, la tradición de un pueblo, el paisaje del desierto, los sonidos del campo, el canto de los grillos, el vuelo de las mariposas. Vemos desfilar en estas páginas personajes tan disímbolos como Lalo el memorioso, vendedor ambulante de Torreón que no sabe leer ni escribir, pero almacena en su memoria la genealogía, vida y milagros de los torreonenses y pueblos circunvecinos; Patricio de la O Martínez, gran conversador que sabía de albures y sarcasmos, que cocinaba para sus hermanos campesinos como si oficiara un artístico ritual, y literalmente se murió de amor; Adolfo Orive Bellinger, que a sus doce años escribió un ensayo sobre el imperialismo yanqui y a los diecinueve dejó las comodidades de la casa paterna para luchar por un ideal; o la güera Ligia, que se alquilaba como plañidera, y organizaba sus tarifas de acuerdo a la intensidad del llanto y al dramatismo de las manifestaciones de dolor que imprimía a su actuación.

Hay textos que hacen la apología de los frutos del desierto: los exquisitos cabuches, la delicada blancura de la flor de palma, los jugos del maguey, que según el procedimiento a que se sometan se convierten en inocente aguamiel, robusta miel de maguey o generoso pulque; en otros se trasluce la congoja de Arcelia por la suerte que han corrido los añosos árboles nativos que adornaban las calles de Torreón, su protesta ante la irreflexiva plantación de especies foráneas, los “vestidos ajenos”, que ofrecen su efímera belleza y perecen a los primeros rigores del frío o de la sequía, y su razonable alarma ante los cambios y calamidades que sufre la naturaleza por el abuso y el descuido del hombre.

El capítulo III del libro está dedicado a las tradiciones gastronómicas mexicanas, tema que Arcelia había abordado en su libro anterior: Evocaciones del sabor y del alma. Placeres gastronómicos, que es un estupendo libro de cocina que contiene platillos mexicanos elaborados con ingredientes que provee nuestro desierto, y preparados de variadas formas que combinan la imaginación con la tradición.

Aflora también aquí la añoranza por las costumbres y los sabores que van quedando en el olvido, como la tradicional reliquia, que en algunos pueblos de la Comarca Lagunera todavía se practica en honor de los santos que la gente venera, para deleite de los amigos y vecinos de la familia que la organiza; o la comida de cuaresma, larga como los cuarenta días penitenciales, pero sin los rigores del sacrificio.

En el capítulo IV la autora se refiere a lugares hermosos e interesantes que el desierto nos regala: las Dunas de Bilbao, las pozas y lagunas de Cuatrociénegas, la Hacienda de San Lorenzo, y dos sitios coahuilenses que pocos habitantes de la entidad conocen: el Cañón de Fernández, que en 2005 fue declarado área natural protegida con el nombre de Parque Estatal Cañón de Fernández, y guarda en sus diecisiete mil hectáreas 581 especies de flora y fauna, y una maravillosa y legendaria flor llamada “reina de la noche”, que florece una vez al año, en una noche de luna; y la antigua hacienda jesuita que data del siglo XVI, y hoy se conoce como Hacienda de Hornos, cuya iglesia de Santa Ana es el monumento histórico más antiguo de la región lagunera.

Los textos del último capítulo tratan de libros y autores importantes para Arcelia. Aparecen aquí Rosario Castellanos, Juan Villoro y Ernesto Sábato, a quienes la autora se refiere en términos de elogio y admiración. Pero su inclinación natural por el tema de la cocina sobresale en los textos que dedica al libro de Laura Athié, De cómo cocinaban las abuelas, que Arcelia describe con tintes tan entusiastas que dan ganas de salir de inmediato en busca de ese documento que recoge las vidas, amores, costumbres y recetas de 29 abuelas, y al de Pepe Iturriaga, comilón irredento, que escribió sus andanzas en cocinas de variada índole en Confieso que he comido.

En este puñado de escritos está una parte de la esencia de su autora. Aquí están las personas, los lugares, los pensamientos que Arcelia tuvo que dejar salir en sus letras, porque, como ella dice, no le cabían más en los ojos, en las manos, en el alma.

Odila Fuentes Aguirre.


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